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6/2/10

La Sombra y los sueños: iluminándose a sí mismo

¿Puede uno soñar con personajes cuyos rasgos son los opuestos a aquello que queremos (o creemos) ser? Evidentemente, hay sueños en los que con frecuencia esto es lo que sucede: nos hablan de una parte interna desconocida que necesitamos aprender a integrar para ser más fieles a nosotros mismos. La ayuda que el Inconsciente nos brinda es dejarnos estas pistas oníricas que nos permitirían recobrar partes nuestras que no nos permitimos vivir, y que, por negarlas totalmente, auto-empobrecemos nuestra identidad. Veamos de qué se trata…

Sumergirse dentro de sí mismo para ver de qué se está hecho implica ir acortando la distancia entre quien uno cree que es, y quien uno verdaderamente es. Cada descubrimiento interno tendrá por consecuencia saludable la modificación de la autoimagen: cuando se es ingenuamente ignorante de sí mismo, con mucha ligereza uno cree que no tiene en su haber rasgos que parecen sólo ajenos, y que, vistos en los demás, nos provocan rechazo, o bien, por el contrario, admiración idealizante. Dentro del proceso de verse por completo, tal y como se es, un trabajo indispensable es el de reconocer y reintroyectar nuestra propia Sombra, integrando distintos aspectos opuestos de nuestra interioridad.

Pero… ¿qué es la Sombra? Tomando los conceptos de Carl Jung que luego fueron apreciados por otras corrientes de Psicología (como lo es en el paradigma Transpersonal), puede definirse como aquellos aspectos ocultos o inconscientes de uno mismo, -tanto “positivos” como “negativos”, con toda la relatividad que ambos calificativos implican-, que se han reprimido o que nunca han emergido a la conciencia. En su mayor parte, la Sombra se compone de deseos, impulsos, fantasías y sentimientos inaceptables, rasgos que, si los viésemos de frente, quebrarían la imagen que tenemos de nosotros mismos y la que mostramos a los demás. Sin embargo, mantener maniatados esos rasgos nos mantiene empobrecidos como personas, dado que vivimos sólo la contracara de ellos, pero dejamos de contar con los atributos que esas partes nuestras podrían brindar a nuestra identidad. La persona “dura” que sólo quiere ser vista y verse a sí misma de ese modo, manda a la Sombra su capacidad de ternura, su vulnerabilidad; quien sólo quiere dar una imagen de responsabilidad y eficiencia es posible que juzgue como despreciable la sana capacidad de ocio y de disfrute, y va a rechazarla en otros tanto como la repudia en sí mismo. El punto es que para ser plenos necesitamos actualizar los rasgos relegados a la Sombra, tomar de ellos lo más saludable, y ejercerlo para que regule la exageración hacia la que tendemos en aquellos rasgos con que, sin darnos cuenta, procuramos “tapar” lo que no queremos que se vea de nosotros mismos.

En los sueños, la Sombra psicológica con frecuencia está representada por un personaje que suele ser del mismo sexo que el soñante, y que guarda características donde los rasgos de sí mismo que uno necesita integrar aparecen exagerados. A veces se trata de una persona desconocida; otras, de un personaje público, o bien de alguien conocido que guarda características que representarían muy bien aquello que no queremos ver de nosotros mismos.

Si bien todos los sueños tienen distintas interpretaciones posibles, siendo que con frecuencia todas ellas tienen parte de la verdad a develar, hoy quiero convidarles éste que me regaló Mirna, una mujer de 50 años: lo soñó cuando tenía 40, en un momento en que comenzó un profundo proceso de cambio en sí misma. Hasta ese entonces, había invertido su tiempo y la mayoría de sus esfuerzos en desarrollar “una vida exitosa”, cuidando al extremo de la obsesión su apariencia de modo tal que despertara admiración a su paso. Sin embargo, este sueño fue el primero de una serie de experiencias oníricas que, paralelamente a hechos de ese momento le generaron una imperiosa necesidad de mirar hacia adentro. “Soñé que llegaba a mi casa vestida como de fiesta, en un automóvil muy lujoso, conduciéndolo yo misma. La casa era como una mansión (yo vivo en un departamento pequeño), con un jardín muy cuidado, y una fuente de agua como la de las plazas. Me recibía un mayordomo distinguido, que me recibía cortésmente. Pero al ingresar experimenté una inmensa soledad, y me daba cuenta de que por dentro todo era muy pobre, con muebles viejos, una TV blanco y negro, las paredes descascaradas, aunque todo limpio y prolijo; de pronto desde el sótano subía como si fuera lo más natural una mujer de ropa muy modesta y gastada, aunque, paradójicamente, con una sencilla belleza, quien, con lágrimas en los ojos me decía: “Al fin llegaste! No te preocupes: tengo lo que estás necesitando.” Yo sentía vergüenza y pena: ¿cómo alguien tan pobre podría tener algo para darme y yo, vestida con tanto lujo, no tenía nada para ella? Desperté acongojada y con gran desconcierto.”

Este sueño junto con otros de esa época, le hicieron tomar conciencia de la arrogancia con que había generado un estilo de vida que estaba por encima de sus ingresos económicos, y también una imagen de sí que le mantenía en constante autojuzgamiento, en permanente exigencia de que todo fuera perfecto, perpetuamente joven y “mostrable”. ¿Qué tuvo para darle esa otra mujer, “la del sótano”, la que en vez de pedirle, le ofreció ayuda? Tenía aquello que Mirna fue permitiéndose ejercer para vivir mejor: una manera sencilla de moverse en el mundo, un modo de cuidar de sí que no le hiciera vivir obsesionada con su apariencia; una reinversión de su tiempo, de sus recursos y de su energía vital en relacionarse más sensiblemente consigo misma y con los demás (lo cual cambió radicalmente el tipo de vínculos que comenzó a elegir, dado que los de su estilo anterior sólo le generaban la misma soledad que sentía al ingresar a su casa en este sueño).

Es común que la Sombra se simbolice con personajes cuyos rasgos exageran aquellos atributos que necesitamos asumir para ampliar nuestra autoimagen y nuestro modo de ser en el mundo: a veces es su ropa, otras su actitud. Establecer un modo gentil de incorporar saludablemente a nuestra vida esos rasgos será un trabajo cotidiano, cuyos pasos también se irán reflejando en sucesivos sueños. Pues todos necesitamos, en distintas proporciones, cada atributo: agresividad y ternura, vulnerabilidad y fortaleza, audacia y prudencia… Integrar lo opuesto. Un rasgo se vuelve hostil y peligroso, justamente, cuando nos relacionamos mal con él, lo negamos, lo proyectamos en otros, lo recortamos de nuestra vida.

Así, un personaje onírico puede representar muy diversas variables (al menos hay once de ellas perfectamente discernibles); pero una de ellas muy común, desde la cual vale la pena comenzar a considerar a cualquier habitante de nuestros sueños es: ¿qué parte de mí podría representar? Todos somos por dentro, más que un YO, una multitud de yoes: un consorcio que necesita convivir inteligentemente y con afecto. Los sueños son una de las vías no sólo para descubrir esos distintos rasgos que nos habitan, sino para hacer contacto con ellos, escucharlos, y enriquecer con ellos nuestra identidad total. Tal vez de eso se trate, en buena medida, el arte de vivir. §

Autora: Lic. Virginia Gawel, Directora del Centro Transpersonal de Buenos Aires, www.centrotranspersonal.com.ar Permitida su reproducción citando esta fuente.

Imagen: Don Tatro

12/10/09

Inconsciente: el Socio Invisible

Las nuevas investigaciones confirman que no estamos solos en nuestro estado consciente. Tenemos compañía, un socio invisiblntensas reacciones sobre la realidad que no siempre coinciden con las nuestras, Un grupo de científicos demostró que le envía "sugerencias" a nuestro cerebro sobre cómo actuar.



Este artículo publicado por The New York Times, reproducido por el diario La Nación, de Argentina, describe algunos experimentos interesantes que muestran la acción de lo subliminal, desde el Inconsciente hacia la conciencia: estamos muchos más influenciados de lo que nos damos cuenta por micro-percepciones que definen cómo nos sentimos, qué pensamos, qué elegimos...


Recordemos: el Inconsciente es mucho más que esto, y que además estos experimentos están teniendo lugar desde hace más de una década (aunque cada vez con mejores registros neuro-tecnológicos). Sin embargo, este mecanismo es parte de su asombrosa autonomía, que hoy las Neurociencias pueden empezar a confirmar...

Revelan que el inconsciente es más activo de lo que se pensaba hasta ahora

NUEVA YORK.- En un reciente experimento, un equipo de psicólogos de la Universidad de Yale alteró la opinión que un grupo de personas tenía sobre un extraño, dándoles simplemente una taza de café. Los participantes, estudiantes universitarios, no tenían idea de que sus instintos sociales estaban siendo manipulados deliberadamente. Camino del laboratorio, cada uno de ellos se cruzó con un asistente que sostenía libros, una tabla sujetapapeles, hojas y una taza de café caliente o helado, y que les pidió que lo ayudaran con la taza. Eso fue todo: los estudiantes que sostuvieron una taza de café helado dieron su parecer acerca de una persona hipotética mucho más fría, menos sociable y más egoísta que el de los que habían sostenido una taza de café caliente.


Descubrimientos como éste, por más improbables que parezcan, han proliferado en la investigación psicológica en los últimos años. Los nuevos estudios revelaron que las personas arreglan más su aspecto cuando se percibe un leve olor a líquido de limpieza; que se vuelven más competitivas si hay un maletín de mano a la vista o que son más propensas a cooperar si oyen palabras como "apoyo" o "confiable o responsable". Y todo sin tener conciencia del cambio ni de lo que lo causó.


Los psicólogos afirman que "preparar" a la gente de esa manera demuestra cómo las imágenes, los olores y los sonidos cotidianos pueden selectivamente activar objetivos o motivos que las personas ya tienen. Así, los nuevos estudios revelan un cerebro inconsciente mucho más activo e independiente, y con propósitos firmes, de lo que se sabía hasta ahora. Objetivos como comer, formar pareja o tomar un vaso de leche helada funcionan como softwares neuronales que sólo pueden ser desarrollados de a uno por vez, mientras que el inconsciente es perfectamente capaz de ejecutar el software que elija.

Consciente e inconsciente

La mutua concesión entre esas elecciones inconscientes y nuestros objetivos conscientes, racionales, pueden ayudar a explicar algunas de las realidades más misteriosas del comportamiento, por ejemplo, cómo podemos ser generosos en cierto momento y mezquinos inmediatamente después, o actuar groseramente en una cena cuando estamos convencidos de que irradiamos encanto.

"Cuando se trata de nuestro comportamiento de un momento al otro, el gran interrogante es éste: «¿Inmediatamente después, qué?»", dijo John A. Bargh, profesor de psicología de Yale y autor, junto con Lawrence Williams, del estudio con las tazas de café. "Bueno -dijo-, observamos que tenemos esos sistemas inconscientes que guían el comportamiento y que están permanentemente aportando sugerencias durante el día sobre lo que haremos inmediatamente después, y el cerebro considera y a menudo actúa sobre la base de ellos, anteponiéndose al estado consciente".

En un experimento de 2004, un equipo de psicólogos dirigidos por Aaron Kay, que en ese momento trabajaba en la Universidad de Stanford, California, hizo que un grupo de estudiantes participara de un juego individual de inversiones contra otro participante que no estaba a la vista. La mitad de los estudiantes jugó sentado en una mesa larga, en cuyo extremo había un maletín de mano y una cartera de cuero negra. Estos estudiantes fueron mucho más mezquinos con su dinero que los otros, que jugaban en una sala idéntica, pero con una mochila sobre la mesa.

Circuitos cerebrales

En el mundo real, los efectos del inconsciente son claros para cualquier persona que alguna vez haya ido corriendo hasta el auto para resguardarse de la lluvia y terminó conduciendo demasiado rápido, o que salió a buscar la ropa al lavadero y volvió con un vino y el diario.

El cerebro parece utilizar los mismos circuitos neurales para ejecutar tanto un acto inconsciente como uno consciente. En un estudio publicado en Science , un equipo de neurocientíficos ingleses y franceses estudió por imágenes el cerebro de 18 hombres y mujeres que participaban de un juego de computación por dinero. Los "jugadores" sostenían una palanca de control y se les dijo que, cuanto más la apretaran cuando una imagen de dinero aparecía súbitamente en la pantalla, más dinero obtendrían.
Como era de esperar, los jugadores apretaron más fuerte la palanca cuando aparecía la imagen de un peso que cuando lo hacía la imagen de un centavo, sin importar si lo percibían conscientemente.

Pero los circuitos cerebrales activados en todos los particiapantes fueron similares: el área llamada pallidum ventral permanecía activa cada vez que los participantes respondían. Esto sugiere la existencia de un proceso de toma de decisiones "de abajo hacia arriba", en el que el pallidum ventral forma parte de un circuito que primero pondera la recompensa y decide, y luego interactúa con las regiones conscientes de mayor nivel, si es que lo hace. La ciencia ha dedicado años a tratar de identificar las precisas regiones neurales que sustentan el estado consciente, hasta ahora en vano. Pero casi no hay dudas de que incluye la corteza prefrontal.

"A veces, los efectos no conscientes pueden superar en magnitud a los conscientes -explicó el doctor Mark Schaller, profesor de psicología de la Universidad de la Columbia Británica, en Vancouver- porque no podemos moderar ciertas cosas a las que no tenemos acceso de manera consciente, y el objetivo permanece activo." Hasta que se cumple, es decir, cuando el programa es posteriormente suprimido, según el estudio.

Las nuevas investigaciones confirman que no estamos solos en nuestro estado consciente. Tenemos compañía, un socio invisible con intensas reacciones sobre la realidad que no siempre coinciden con las nuestras, pero cuyos instintos tienden tanto a ayudar y ser atentos con los demás como a desorganizar.

Por Benedict Carey de The New York Times
Traducción: Luis Hugo Pressenda
Imagen: La Nación
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Convidando un pensamiento... Dicen los Unpanishads, un conjunto de textos hindúes escritos hace unos 2600 años, totalmente coincidente con la visión de que existe un Inconsciente más profundo: Víctor Frankl le llamó Inconsciente Espiritual, el psiquiatra italiano Roberto Assagioli Supraconsciente. Es necesario que la Psicología no lo ignore!: "Hay un Espíritu que permanece despierto cuando dormimos, que crea la maravilla de los sueños. Es el Espíritu que en verdad se llama el Inmortal. Todos los mundos descansan en ese Espíritu y nadie puede ir más allá de él." En el Zen le llaman "el Nonato": aquella parte de sí que no nació, pues no pertenece al tiempo. Por lo tanto, no puede morir...